
El acoso escolar o bullying es una problemática que enciende las alarmas, y los expertos advierten que no siempre hay golpes, insultos o una denuncia, sino que a veces comienza a aparecer en silencio con señales como un niño que no quiere ir a clases, cambia su forma de comer, se encierra en su habitación o pierde el interés por lo que antes disfrutaba, por lo que educadores y padres deben observar los cambios de conducta.
Los especialistas recomiendan prestar atención a la tristeza, el aislamiento, la irritabilidad y la ansiedad, y no asumir que simplemente se trata de una etapa, ya que la falta de comunicación o el miedo a los padres pueden evitar que los niños comenten lo que les ocurre.
El desafío para las familias es aprender a reconocer aquello que el niño quizá no pueda expresar con palabras, compartiendo espacios de diálogo, actividades deportivas y contacto con la naturaleza, y si es necesario, pedir la asesoría y el apoyo de un profesional.
Detectar una señal a tiempo puede marcar la diferencia.