
Esperanza Vega, una adulta mayor, sigue saliendo a las calles de Quito a buscar el sustento pese a su diabetes y el abandono de sus hijas. La mujer vende sahumerio y palo santo desde hace unos 50 años.
Esperanza conoció el esfuerzo y el trabajo en las calles desde muy pequeña, acompañando a su madre en la venta diaria. Con los años formó una familia, pero relató que la abandonaron en su casa.
A las dificultades familiares se sumaron los problemas de salud, pues le detectaron diabetes en el Hospital del Sur. Indicó que tiene cuatro hijas que trabajan y la dejaron sola, por lo que vive en un cuarto pequeño con baño.