
La industria cinematográfica ecuatoriana continúa creciendo con producciones que apuestan por contar historias propias. Los largometrajes representan el 14% de las obras audiovisuales registradas en el país, mientras que los cortometrajes alcanzan el 34%.
Hay un crecimiento en el sentido de propuestas y los cineastas experimentan con más géneros. Ya no solo las películas ecuatorianas son un drama social, pues aparecieron ciertas comedias que le dieron frescura al cine.
Una de las apuestas más recientes es Buenos Amigos, una película que busca trascender fronteras. El reto ahora es llevar estas producciones más allá de Ecuador y conectar con nuevos espectadores.