
Pamela Salazar, una mujer ecuatoriana con discapacidad física por malformaciones congénitas, ha transformado las dificultades en fuerza a lo largo de su vida, convirtiéndose en un ejemplo de perseverancia y resiliencia.
Con movilidad reducida, utiliza un andador y ocasionalmente silla de ruedas, y ha enfrentado 25 cirugías en columna, pies, rodillas y tibia. Su hogar ha sido adaptado para mayor independencia, aunque al salir encuentra barreras como aceras en mal estado y rampas inexistentes.
Su familia ha sido el pilar fundamental en su proceso de empoderamiento, jamás limitándola.