
Elena Puruncajas, una vendedora que ha trabajado en el mercado de San Francisco durante 45 años, es el ejemplo vivo de la mujer que con sus propias manos construyó un futuro para sus cuatro hijos, tras superar momentos difíciles como el accidente que sufrió su esposo que lo mantuvo casi dos meses hospitalizado y operado, mientras ella cuidaba de sus tres hijos pequeños.
La historia de Elena comenzó en su niñez, cuando vendía junto a sus amigas y su padre le inculcó que «con ambas manos se lava la cara», un consejo que marcó su vida y que transmitió a sus hijos, inculcándoles que trabajen y estudien para «ser algo en la vida».
Elena define el mercado como su segundo hogar y asegura que, a pesar de las adversidades, siempre ha salido adelante «luchando», un testimonio que homenajea a miles de mujeres y hombres que se levantan cada madrugada para sacar a sus familias adelante.