
Segundo Buñuay es uno de los tantos trabajadores informales de parqueos que cada día salen a las calles de Quito para ayudar a los conductores a estacionarse, una labor que realiza desde hace dos años y que, pese a las difíciles condiciones climáticas, le da alegría y propósito
«Para mí es lindo levantarse en la mañana, máximo a las 5 de la mañana estoy afuera», contó Segundo, quien perdió a su hijo de 40 años durante la pandemia por COVID-19, una pérdida que compartió con miles de familias ecuatorianas, y que encontró refugio en su fe y en el trabajo diario.
A su alrededor, su esposa e hija venden caramelos y aguas, completando así el sustento familiar con esfuerzo y dignidad, mientras Segundo asegura que «Dios es grande» y que seguirá trabajando mientras pueda.