
La violencia durante las protestas en Francia provocó graves daños en el ayuntamiento histórico de Limoges, que fue incendiado y quedó parcialmente destruido.
También se reportaron saqueos y daños a establecimientos comerciales y bienes públicos en distintas localidades.
Las movilizaciones del sábado 17 de octubre reunieron a ochocientas mil personas, según los organizadores.
Los manifestantes rechazan el encarecimiento del costo de la vida, el deterioro de los servicios públicos y las deficiencias en el sistema educativo.
Varios grupos protagonizaron enfrentamientos con las fuerzas del orden y, según reportes oficiales, ochocientas cincuenta y cinco personas fueron detenidas en la capital.
El presidente Emmanuel Macron condenó los actos violentos y llamó a distinguir entre quienes expresan reivindicaciones sociales y quienes participan en actos vandálicos.