
Mariana Romo, una mujer nacida en Tulcán, dejó su tierra natal para llegar a Quito junto a su esposo e hijos en busca de nuevas oportunidades, una decisión que marcó el inicio de una vida marcada por el sacrificio y el trabajo incansable.
Mientras su esposo permanecía en la capital para continuar sus estudios universitarios, ella asumió sola la crianza de sus dos hijos en Tulcán, tejiendo diariamente bufandas y escarpines para poder comprarles zapatos y cubrir sus necesidades básicas, como ella misma relató en una entrevista.
Tras la graduación de su esposo, la familia se reunió nuevamente en Quito, donde Mariana continuó tejiendo para apoyar la educación de sus hijos y, más tarde, cuidar de sus nietos mientras estos también estudiaban.