
La psiquiatra Verónica Vélez explicó en una entrevista que un abrazo genuino es la primera herramienta de contención emocional que aprenden los seres humanos, con un impacto directo en el cerebro mediante la liberación de oxitocina, sustancia que genera sensaciones de seguridad, confianza y vínculo.
La especialista señaló que, aunque el contacto físico puede ayudar a contener crisis emocionales iniciales, su efecto positivo depende de que sea consensuado y sincero, ya que un abrazo no deseado o por compromiso social puede percibirse como invasivo y distante.
Vélez añadió que es fundamental respetar los límites de las personas que no disfrutan del contacto físico, pues la utilidad terapéutica del gesto radica en que ocurra dentro de un espacio de protección y confianza mutua, no como una imposición social.