
Las trabajadoras sexuales del centro histórico de Quito enfrentan discriminación y maltrato a diario, a pesar de ser madres y pilares de sus familias, como evidenció el testimonio de «Lisbeth».
La mujer relató que migró a Quito buscando un futuro mejor, pero las puertas se le cerraron por falta de documentos, y su única opción fue el trabajo sexual.
Siete de cada diez trabajadoras sexuales tienen hijos o personas a su cargo, y aunque muchas han intentado cambiar de vida, las oportunidades son limitadas. Piden respeto y solidaridad para quienes ejercen esta labor.