
Carlos Mariano Zuña es conocido como el último vendedor de cocos de la urbe y lleva cuarenta años ganándose la vida con ese oficio. El hombre afirma que es el único que hoy sale a vender su producto en las principales calles del suroeste de Guayaquil.
Su rutina comienza con un baño y una oración en la que pide protección contra todo peligro y accidente. Trabajó tres años para una compañía hasta que lo despidieron por exceso de personal y luego vendió papel higiénico, pescado y huevos.
Con cien sucres de capital provenientes de esas actividades inició el negocio de los cocos, que atribuye beneficios para la presión, el riñón y la salud en general. De lunes a domingo sale con cincuenta cocos en dos jornadas por el asfalto. Recorre sectores como la Sagrada Familia, Cuatro de Noviembre, la avenida Plaza y la plaza del Cristo del Consuelo.